EL CALVARIO DE UNA MADRE POR LOS ALIMENTOS DE SUS HIJOS. UNA LUCHA CONTRA EL SISTEMA

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El calvario de una madre por los alimentos de sus hijos. Una lucha contra el sistema.

La violencia en contra de la mujer, es un tema drásticamente superficial en países como México, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Perú, a pesar de la lucha y el esfuerzo que hacen organizaciones feministas frente a esta realidad; gran parte de América Latina tiene altos índices de feminicidios o muertes violentas, acciones de violencia con sesgo de odio a la mujer. Esto, que ha situado a la mujer en un plano secundario, incluso objetivizándola, ha sufrido una especie de culturización a favor del hombre, un disfraz teórico natural que “favorece al desarrollo de la humanidad”.

Esta naturalización ha contaminado el campo económico-familiar; en El Salvador existe un alto índice de mujeres que sufren violencia económica y patrimonial, madres que (con pareja o no) libran una batalla mitológica para propiciarles a sus hijos la satisfacción de sus necesidades básicas, que en alguna medida alcancen para su desarrollo, mujeres que luchan contra la cultura y contra el sistema donde el desprotegido es heredero de su desprotegido destino.

Miriam Elena Amaya, es una mujer icónica en la lucha por la reivindicación de los derechos de sus hijos, una lucha contra el sistema, contra la cultura, contra el superficialismo con que es diagnosticada y medicada la violencia en contra de la mujer, donde la mujer sigue situada (in)justamente atrás del hombre, como algo natural. Aquí su historia…

Miriam Elena Amaya. Una madre luchadora.

La lucha de Miriam por la protección de los derechos de sus hijos inicia en el año 2010 a raíz del divorcio con su ex esposo, el señor Walter David Ciriani Zelaya, aunque su historial de víctima de violencia intrafamiliar data de años atrás, como se desarrollará más adelante; una sentencia pronunciada por el Juzgado de Santa Tecla diseñaba un escenario lo más cercano posible a la idoneidad para la vida en familia y el desarrollo de sus hijos.

Miriam comenta que fue en la primera audiencia realizada el veintidós de junio del año 2010 que el juez logró acuerdos entre ellos, sin embargo fue clara en decir: “Vi como que el Juez quería salir de ese proceso”.

¿Qué pasó durante el proceso de divorcio?

Miriam por lo vivido antes y durante el matrimonio con Walter, había pensado en divorciarse de él, pero los honorarios de un abogado eran de alguna manera un obstáculo para iniciar el proceso, pues sus ingresos estaban siendo superados por los gastos y las deudas ya contraídas por las exigencias económicas del señor Ciriani; fue que con la ayuda del licenciado Juan Antonio Gómez Gómez, que pudo formalizar el inicio del proceso.

“En mayo del 2010 conseguí un abogado, me ayudó, me cobró algo bien representativo…”

Presentada la demanda en el Juzgado de Familia de Santa Tecla, el señor Ciriani Zelaya contestó exigiendo la Guarda y Cuidado Personal de sus tres hijos, una cuota de mil dólares en contra de Miriam y que ella saliera de la residencia, un inmueble propiedad de Miriam, para poder vivir ahí junto a sus hijos. Paradójicamente una agente auxiliar de la Procuraduría General de la República fue la representante jurídica del señor Walter Ciriani.

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“Nosotros nos conocimos por mi hermano, él era el mejor amigo de mi hermano, empezamos a salir y anduvimos de novios como un año, pero yo salí embarazada…” 

Miriam y Walter esperaban un hijo como fruto de su relación de noviazgo, sin embargo decidieron seguir viviendo cada quien en sus respectivas casas; durante el embarazo, Walter aparentaba ser responsable, cobijado por la ayuda de su madre, colaboraba con gastos relativos a la maternidad.

Walter le solicitó a Miriam renunciar a su trabajo para que se dedicara a los cuidados de su hijo, a lo que Miriam accedió, yéndose a vivir junto a él en casa de su madre en Arcos de Santa Elena, Antiguo Cuscatlán; pensaba que en ese lugar podría ofrecerle un mejor cuidado a su hijo que tenía 8 meses de edad y había enfermado.

Estando en casa de la mamá de Walter las cosas cambiaron, Miriam fue sometida a un control excesivo por parte de su suegra, no tenía privacidad, expresa que “le tenían las costillas contadas”, además no quería que nadie la atendiera, incluso empezó a trabajar en una empresa familiar de la madre de Walter sin recibir salario, le decían que ya vivía junto a ellos y que esa era su paga. Mientras tanto Walter no trabajaba.

Para Alicia Elena Pérez Duarte, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de México, la violencia en contra de la mujer abarca tres puntos esenciales: autonomía física, autonomía de decisiones y autonomía económica; muchas mujeres al enfrentar el embarazo, a solicitud de su pareja sentimental, renuncian a sus trabajos para dedicarse al cuidado de los hijos, afectando su autonomía de decisión y económica.

Miriam seis meses después, encuentra un trabajo y decide salir de la casa de la madre de Walter, se muda junto a su hijo a un inmueble propiedad de Walter, ubicado en La Cima, departamento de San Salvador, describiéndola como una casa pequeña. Walter al inicio no los acompañó al hogar familiar por estar acostumbrado a una calidad de vida más cómoda, fue hasta un tiempo después que a regañadientes decide residir junto a Miriam y su hijo, pese a no dejar su vida de lujos: carreras de vehículos, de motos, salidas con sus amigos… según Miriam, continuaba con su estilo de vida de soltero y colaboraba con los gastos de la casa por el dinero que le daba su mamá.

Dos años después.

Artículo 11 C.Fam.

El matrimonio es la unión legal de un hombre y una mujer, con el fin de establecer una plena y permanente comunidad de vida.

La presión social comenzó a pasar factura en la vida de Miriam, su familia le exigía casarse con Walter, le insistían en que no podían vivir de esa manera, por su parte Walter quería una boda con una gran fiesta, donde pudiera invitar a sus amigos; en ese contexto una abogada amiga de Miriam le ofreció casarlos sin cobrarles, Miriam compró los anillos y se casaron en la oficina de la abogada en el mes de marzo del año 2001.

“Nos casamos en la oficina, nosotros dos (Walter y Miriam), los testigos y mi hijo en mis piernas…”

En el trabajo a Miriam le iba mejor, decidiendo así alquilar otra casa, naciendo el segundo de sus hijos; posteriormente encontró un trabajo aún mejor y con esfuerzo compró una casa en Vía del Mar, departamento de La Libertad. Mientras tanto, Walter seguía con la misma actitud, “Él fue un niño rico, nunca le inculcaron trabajar”, comenta Miriam.

En el año 2005 la empresa familiar de la madre de Walter se vino abajo, dejando de aportar económicamente al hogar por no tener la ayuda de su madre, eso sí, sin abandonar su estilo de vida de adinerado.

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Durante el desarrollo del proceso de divorcio, que apenas duró cuatro meses, Walter tomó una actitud misógina, Miriam expresa que él se metió a la casa de su familia, de sus amigas, difamándola con que ella era infiel y no cuidaba a sus hijos, incluso a una amiga le dijo que la niña no era de él, al mismo tiempo la amenazó con ir a hablar con el jefe del trabajo…

“En el mensaje decía que iba a hablar con mi jefe para decirle que yo me acostaba con un médico… ese mensaje venía de Arcos de Santa Elena, de la residencia de la mamá de Walter”

Walter le había manifestado a Miriam que no se quería divorciar porque iba en contra de la religión, que por eso no se saldría de la casa. Para Miriam esto era una excusa, una forma de disfraz de Walter para no verse ante la sociedad como culpable.

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Artículo 36 inc. 1 C.Fam.

Los cónyuges tienen iguales derechos y deberes; y por la comunidad de vida que entre ellos se establece, deben vivir juntos, guardarse fidelidad, asistirse en toda circunstancia, y tratarse con respeto, tolerancia y consideración.

Con la empresa quebrada, Walter decide irse con la mamá a Nueva York, no participándole en nada a Miriam, solo le dijo que al día siguiente se iba.

Con Walter lejos, Miriam había decidido terminar con su matrimonio, se sentía sola, atrapada, decisión que le hizo saber a él por medio de una llamada telefónica.

Walter al escuchar a Miriam diciendo que quería el divorcio, adelantó su regresó con toda la intención de reconquistarle, al regresar cambió completamente, le daba regalos, se portaba bien, le daba flores.

En el ciclo de la Violencia Intrafamiliar existe una persona que se encuentra en una posición de poder en la relación conyugal; la violencia de tipo psicológico (art. 3 inc. 1° lit. “a” L.C.V.I.) se conceptualiza como la acción u omisión directa o indirecta, cuyo propósito es controlar o degradar el comportamiento, decisiones de la víctima. Dentro de este ciclo existe una fase de reconciliación, conocida también como “Luna de miel”, es cuando el agresor siente que puede perder a su víctima y busca complacerla, conoce a la víctima dentro de su posición de poder y sabe cómo reconquistarla.

Miriam ilusionada con el cambio de actitud de Walter decide darle otra oportunidad, quedando embarazada de una niña, naciendo su tercera hija en el 2007.

“Recuerdo su cara, se puso a reír, como quien dice ´ya la tengo atrapada con esto´ y volvió a ser el mismo descuidado, irresponsable.”

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En el proceso de divorcio Miriam denunció que su esposo había ejercido violencia intrafamiliar en su contra, que desde su separación en el año 2008, no había querido abandonar la casa propiedad de Miriam, le revisaba la cartera, la computadora, le revisaba la ropa interior, la seguía durante su trabajo para ver qué es lo que hacía o con quien andaba, sumado a las deudas que había contraído por complacer a Walter, más los gastos de la casa y de sus hijos… él seguía sin aportar a la casa. El abogado de Miriam pidió al Juez la exclusión del hogar en contra del señor Walter Ciriani, pues se negaba a abandonarla, justificando motivos religiosos.

El día de la audiencia parecía que era el final del matrimonio tormentoso de Miriam.

“El juez dijo que yo no era propiedad de él para que no quisiera darme el divorcio, que yo ya no quería estar con él entonces tenía que aceptarlo…”

La sentencia pronunciada el veintidós de julio del 2010, el Juez de Familia de Santa Tecla, decretaba el divorcio entre Miriam y Walter; en el documento se puede leer que el padre debía contribuir económicamente con sus hijos aportando 483 dólares mensuales, dicha cuota de alimentos contemplaba el pago de doscientos sesenta y tres dólares mensuales en concepto del colegio de dos de sus hijos y los restantes para alimentación, más el pago de una cuota de alimentos extra en el mes de diciembre en concepto de aguinaldo.

Walter por orden del juez fue excluido del hogar familiar, tuvo que abandonar de inmediato el inmueble.

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Las cosas después del embarazo de su tercera hija fueron cada vez peor, Walter continuaba con su actitud de no trabajar ni aportar a la casa, además no apoyaba con los oficios domésticos, Miriam aun creyendo que su matrimonio podía salvarse, programó un viaje a Miami junto a su entonces esposo, pagando ella todo, una especie de luna de miel que no habían tenido, su hija ya tenía ocho meses…

“Estando allá fue peor, me exigió que le comprara un montón de cosas a él, yo ya tenía las tarjetas topadas pero él quería que le siguiera comprando, me enojó y le dije que no, que no podía más, estaba pagando la casa, tenía los gastos de la casa, y encima estando allá me informaron que nos cortaron la luz porque él no la pagó, yo me molesté tanto y en el avión decidí que aunque mi hija estaba chiquita me separaría de él…”  

Al regresar al país, Miriam le comunicó a Walter su deseo de separarse, le pidió que se fuera del cuarto principal, sin embargo él le dijo que si se quería separar que se fuera ella, ella aceptó y se fue al cuarto de su hija a dormir, situación que duró hasta la exclusión del hogar.

Walter en este momento de la vida familiar, se gradúa de Pastor de jóvenes, ejerciendo en Centro Cristiano Internacional y Misión de El Salvador.

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Miriam después del divorcio en el año 2010 tuvo que vender la casa de Vía del Mar para pagar parte de sus deudas y las deudas contraídas por Walter usando su nombre. Miriam junto a sus hijos se mudó a un apartamento a la par del colegio, en la colonia San Francisco, San Salvador.

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Dos años habían pasado, ellos separados aunque viviendo en el mismo techo. Miriam se sentía cansada por todo lo que estaba viviendo, un primo de ella quiso ayudarle pagándole un viaje a Estados Unidos junto a su hija menor, algo que la alejara de la tormentosa rutina por la que estaba atravesando, sin imaginarse lo que estaba por venir.

La madre de Miriam se había ofrecido quedarse en casa para cuidar a sus otros dos nietos, pero el mismo día que la señora llegó, fue echada por Walter de la casa, no sin antes decirle que su hija era “una diabla que se metía con otros hombres, que era una prostituta”.

“Al darme cuenta de lo que pasó yo me regresé y resulta que él me había puesto una demanda por violencia intrafamiliar en el Juzgado de Paz de Nuevo Cuscatlán…”

Este proceso de violencia intrafamiliar no avanzó…

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“La obligación de proporcionar alimentos tiene un profundo sentido ético como jurídico debido a que el ser humano por su propia debilidad viene al mundo sin poder valerse por sí mismo… La propia solidaridad humana impone un deber de protección tanto a la vida, por ser un derecho esencial de la persona, así como a su sobrevivencia.- En la Familia al existir una compenetración de fuerza, ayuda recíproca, que trae como consecuencia la prestación de los alimentos.” Manual de Derecho de Familia (Centro de Investigación y Capacitación, Proyecto de Reforma Judicial II, la Edición, 1994, pág. 637)

A partir del año 2011, ya divorciados, Walter dejó de cumplir con el pago de la cuota de alimentos ordenado por el Juzgado de Familia de Santa Tecla.

Miriam decidió ir a mediación a la Procuraduría General de la República, Procuraduría Auxiliar de La Libertad, para que le ayudaran a recibir la cuota de alimentos de sus hijos. La institución programó una cita para conciliación, a la que Walter compareció, pero en su defensa sostenía que no tenía trabajo, que era consciente de la deuda con sus hijos pero que no podía pagarla. Walter firmó un documento comprometiéndose a pagar pero nunca lo hizo.

Por la necesidad de obtener el dinero de sus hijos para contribuir con los gastos familiares, y al no funcionar la mediación fue que le aconsejaron judicializar el caso.

“Es terrible, la atención en la PGR es terrible, ver tanta gente sentada, antipática sin darle información, yo con mi trabajo pidiendo permiso y me decían ´no aquí siéntese que aquí va esperar cuatro horas…´ me ayudaron hasta que al tercer intento alguien de la empresa donde trabajo, habló con un Defensor Público que conocía, ese Defensor Público delegó a alguien para que me ayudara. Ahí me dijeron ´tráiganos los estados de cuenta, nosotros no podemos hacer las diligencias, tiene que ir usted al CNR, al Seguro Social, a SERTRACEN´, me dieron todos los oficios para que yo fuera a hacer esas vueltas.”

Los resultados eran los esperados por Miriam, Walter no tenía nada a su nombre, algo que es entendible usando la lógica, al ver la actitud mostrada por Walter.

“Pasó todo un año para que me dieran un abogado (un Defensor Público de Familia de la PGR) porque yo no tenía dinero, dando vueltas, entrevistaron a los niños, a mí, les informé de mi situación económica, pero a todo esto, tenía que hacer grandes colas, me decían que no me podían atender, que el abogado anda en audiencia… fueron tantas cosas… realmente es un proceso para que uno desista, para que uno ya no vaya”

Finalmente, un año después de haber asistido a la PGR, la resolución de la Procuraduría Auxiliar de La Libertad fue:

 

La PGR se negó a darle asistencia a Miriam, le expresaron que su caso era perdido, y era mejor utilizar un Defensor Público para un caso en donde si se pudiera probar capacidad económica del demandado y se hiciera por descuento de planilla.

Miriam le pregunto a la persona que le atendió: ¿Y entonces qué hago?

La PGR respondió: No le podemos ayudar.

Miriam acudió a los socorros jurídicos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, y de la Universidad José Matías Delgado, en ambos lugares la tenían en espera, le suspendían las citas, luego le decían que estaban evaluando su caso, al final desistió de continuar en dichos lugares, ya que no le dieron un abogado para que le ayudara, y entre tanta insistencia frustrada llegó el año 2013.

Miriam se sintió impotente, sentía que nadie le podía hacer presión a Walter; a sus hijos los sacaban del colegio o los dejaban sin examinar por falta de pago, se les violentaba su derecho a la educación, además debía de buscar como cubrir los pagos de matrículas, uniformes, transporte, refrigerios, libros… ella ya no podía cubrir la totalidad de los gastos, aunque le diera prioridad a las necesidades de sus hijos, estaba convencida que Walter no iba a pagar la deuda por Cuotas Alimenticias, y para empeorar su frustración personas conocidas le comentaban que veían a Walter comiendo en restaurantes lujosos, comprando en la Gran Vía, paseando en yate… sobre esto él expresaba que lo invitaban, que él no tenía dinero.

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El año 2014 el área sentimental de Miriam iba a verse transformada, una nueva oportunidad de formar un matrimonio llegaría, tuvo contacto con quien fue su primer novio, él residía en Australia, y tras el contacto iniciaron una relación de amistad que poco a poco fue evolucionando a un noviazgo, Miriam estaba nuevamente enamorada y su pareja sería un soporte fundamental para su vida. Miriam contrae matrimonio en el año 2015.

Al darse cuenta Walter no perdió oportunidad para enfrentar al esposo de Miriam, en un viaje que él hizo al país, Walter una vez más se encargó de difamar a su ex esposa con su nueva pareja:

“Le dijo un montón de cosas: ´no sabes con qué mujer te has casado, esa mujer es un demonio, ya vas a ver que te va a ser infiel con otro´ mi esposo le dijo yo no estoy aquí para que hables de mi esposa, yo estoy aquí para que des la firma y dejes salir a los niños del país, vos no le has ayudado con los niños…”

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Con la negativa de Walter de autorizar la salida de los hijos a Australia, y de no estar cumpliendo con la cuota de alimentos, Miriam y su esposo se dieron a la tarea de buscar un abogado, con esto ellos experimentaron un lado oscuro del mundo jurídico, conocieron profesionales que deshonran los valores éticos del derecho:

“Los abogados me decían que había que llevar la pérdida de autoridad parental, porque el papá no ve a los niños ni los ayuda, nos sugerían tantas cosas, pero nada corto, sugerían todo largo, hubo un abogado que nos dijo que nos cobraría veinte mil dólares, otro cinco mil dólares, otro once mil dólares, un abogado me llegó a decir de que lo acusara (a Walter) de violación para que me fuera más rápido y me llevara a los niños… ¡Yo asustada¡, no hallábamos qué hacer, mi esposo se tuvo que regresar a Australia…”

Más adelante, Miriam contrata una abogada, a quien sí le podía pagar, ella le inició un proceso de violencia intrafamiliar de tipo patrimonial en contra de Walter en un Juzgado de Familia de San Salvador.

El proceso de violencia intrafamiliar de tipo patrimonial se llevó en el Juzgado Tercero de Familia de San Salvador, nuevamente los hijos fueron sometidos a evaluaciones psicológicas, uno de ellos le manifestó que el psicólogo que lo atendió estaba en su contra, para dicho profesional todo lo que había vivido Miriam era su responsabilidad, no se pudo tener acceso a dichos informes en virtud de ser confidenciales; Miriam solicitó cambio de psicólogo.

El equipo multidisciplinario es un grupo formado por un trabajador Social, un educador y un psicólogo, que están al servicio o auxilio de los jueces de familia, con la finalidad de dar un aporte de campo al Juzgado y de esa manera contar con un informe más detallado de los hechos y un aporte profesional en cuanto a las solicitudes que necesitare el Juzgador.

Manifiesta Miriam que en la oficina le informaban que se les dificultaba realizar las diligencias judiciales porque no tenían transporte, o el vehículo estaba arruinado, ante esta falla del sistema judicial para una pronta y cumplida justicia Miriam les preguntaba cómo resolvería el pago del colegio de sus hijos, a lo que ellos le manifestaron: ´haga un préstamo y pague´.

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Miriam fue denunciada en el año 2016 ante el Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia, acusada por violentar los derechos de sus hijos, la denuncia fue interpuesta por Walter, en respuesta a las acciones de Miriam por solicitar que se cumplieran los derechos de sus hijos.

“Me llegaron a dejar el citatorio en un ´post-it´, pero ¡¿usted sabe cómo está la delincuencia?¡, por eso con miedo fui al CONNA… ¡para mí era increíble!… ahí me dijeron que no había papel y que por eso me hicieron la cita así…”

La abogada de Miriam le ayudó en este nuevo proceso, ahora en su contra, presentando prueba de la irresponsabilidad del padre de sus hijos, la violencia intrafamiliar que había ejercido en contra de Miriam y que no se cumplía el Régimen de Visitas, él siguió sosteniendo que no tenía trabajo y que no podía pagar.

“Cualquier hombre sinvergüenza que no pague, aquí nadie lo presiona, ¡nadie!…”

El seis de enero del 2017 la Junta de Protección de la Niñez y Adolescencia estableció que Miriam no vulneró los derechos de sus hijos.

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Llegó el día de la realización de la Audiencia Pública en el proceso de Violencia Intrafamiliar, el juez le preguntó en la sala de audiencia al señor Walter Ciriani si sabía cómo resolvía Miriam para darle de comer a sus hijos, a lo que él respondió:

“No, si ella siempre resuelve, sino el hermano le presta”

La Procuradora de Familia también interrogó a Walter, le preguntó si sabía a cuánto ascendía la deuda de alimentos, él respondió:

No, no sé”

El día nueve de noviembre del 2015, Walter fue condenado por Violencia Intrafamiliar de carácter patrimonial y psicológico, en perjuicio de la señora Miriam Amaya y de sus hijos.

Extracto de la sentencia pronunciada por el Juez Luis Molina, Juzgado Tercero de Familia San Salvador:

“El argumento del señor Ciriani consistente en que no cuenta con recursos o ingresos para pagar la cuota alimenticia (compromiso adquirido por él mismo), lo cual puede ser cierto; pero el hecho que se trata de un compromiso adquirido por él y no impuesto por el Juez y que en cinco años no haya intentado ni judicial ni extrajudicialmente poner de relieve sus obstáculos para ser frente a la obligación, no me parece razonable; pues de aceptar sin más el mismo argumento a favor de la madre (quien también contribuye para los gastos de crianza), desembocaría en un claro desamparo para los hijos. Pero ¿Por qué se acepta en relativa facilidad para los progenitores hombres ese argumento? (componente estructural y componente político cultural) En mi opinión, porque es reflejo en el componente estructural-normativo y el político cultural, la manera en que la sociedad patriarcal y la masculinidad hegemónica pretende reforzar los roles de género que tradicionalmente se han asignado a hombres y mujeres en la crianza de los hijos. Para esta sociedad es “aceptable” que el hombre diga “no puedo pagar y cuidar a mis hijos”, pero resulta inaceptable y hasta contranatural que una mujer afirme lo mismo”

Sin embargo la sentencia en cuanto a la deuda económica no establecía alguna medida a su favor, es decir no resolvía nada sobre ello:

Punto IV del Fallo:

“IV) Cualquier saldo pendiente debe ser cobrado mediante procedimiento correspondiente ante juez competente para ello”

Walter continuaba esquivando la responsabilidad de ser padre y cumplir con obligaciones para sus hijos, el sistema no ejercía contra él medida alguna para que pagara los alimentos de los niños.

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A mediados de 2015 Miriam acudió al Juzgado de Familia de Santa Tecla para reclamar el pago de los alimentos de sus hijos a través de la ejecución de sentencia; casi se cumplía un año para que el Juez finalizara este procedimiento, y el día 26 de abril del 2016 el Juzgado de Familia de Santa Tecla, al no lograr que el señor Walter Ciriani pagara la cuota de alimentos, remitió el caso a la Fiscalía General de la República, para que se iniciara proceso por el delito de Incumplimiento de los Deberes de Asistencia Económica (art. 201 C.Penal), en contra de Walter.

El 16 de junio del 2016, Miriam por medio de una abogada presentó en el Órgano Judicial una demanda de modificación de sentencia en contra del señor Ciriani, para cambiar el domicilio de sus hijos con la finalidad de llevarlos a Australia, sin embargo el once de octubre del 2016 el Juez de Familia de Santa Tecla resolvió improponible la demanda.

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El proceso en contra de Walter, esta vez estaba en las manos de la FGR.

“Fue bien curioso porque me dijeron en la FGR: ´mire ¿realmente usted necesita los alimentos?´, ¡Mi fiscal preguntó que si yo necesitaba los alimentos porque tengo trabajo!, algo así como ´haga el estudio pero a ver si ella los necesita´…”

El proceso penal marcha en fase de instrucción, a las dos audiencias que se han realizado Miriam ha sido acompañada por diferentes fiscales, al preguntar por la fiscal que lleva su caso le han dicho que ha tenido que ir a vistas públicas.

Miriam continúa en la lucha por reivindicar y hacer cumplir los derechos de sus hijos, una lucha titánica que le ha significado el desgaste de muchos años, y enfrentar un sistema hecho para desistir, favoreciendo con ello al progenitor irresponsable, ella lamenta que sus hijos se hayan expuesto a todos estos procesos, sometidos cada vez a estudios psicológicos, educativos y sociales, revictimizándolos, todo sin que exista por parte del sistema jurídico una medida que pueda exigir o hacer cumplir con la cuota de alimentos a Walter, que en papel es un derecho de los hijos inalienable, irrenunciable, imprescriptible, inembargable, que goza de preferencia en su totalidad… al final sólo son atributos y principios, conceptos que sirven de nada cuando un progenitor se niega a cumplir con sus obligaciones, o quizás sólo es vista por el sistema como una simple deuda económica, olvidando que en el fondo se trata de un derecho de subsistencia, de desarrollo y de bienestar en favor de las niñas, niños y adolescentes, los siempre más vulnerables.

A la fecha Walter les adeuda a sus hijos en concepto de cuota de alimentos 23 mil dólares, sin tomar en cuenta el porcentaje que le correspondería a la hija, la menor de los tres, por no estar estipulado en la sentencia de Divorcio, de ser así la deuda ascendería a 36 mil dólares.

Miriam finaliza diciendo que da a conocer su caso para que se haga justicia, para todas las madres que han vivido esto, porque en el país hay muchos “Walter”, que se dan la gran vida sin importarles el beneficio de sus hijos, dejando a las madres para que resuelvan el problema como puedan, que sean ellas las únicas preocupadas por darles de comer.

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