¿POR QUÉ LLEVAR EL APELLIDO DE ALGUIEN QUE NUNCA HE CONOCIDO?

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¿Por qué llevar el apellido de alguien que nunca he conocido?
¿Por qué llevar el apellido de alguien que nunca he conocido?

Juan (nombre ficticio) es un médico de profesión, en edad es el menor de tres hermanos, todos profesionales como fruto del trabajo duro y los sacrificios de una madre luchadora; ahora Juan ha formado una familia sin embargo ha sido condenado o impuesto a portar el apellido “Pérez”, el mismo que llevarán sus hijos, un apellido de alguien que jamás conoció.

La historia de Juan no es algo que sorprenda en nuestra sociedad, o no debería de serlo, muchas familias han salido adelante gracias al esfuerzo de una madre, una tía, una abuela, una mujer; según  la encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples del 2012, de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DIGESTYC) en El Salvador más del 40% de hogares tienen a una mujer a la cabeza como responsable del hogar.

Juan debe de saber que la legislación de familia actual le otorga una preferencia al apellido paterno como referente de la identidad de la familia, resabios de una visión tradicional donde se subordina a la mujer frente al hombre; jurídicamente no existe posibilidad de establecer el apellido de la madre como el primero o preferente al existir un reconocimiento paterno, mucho menos de suprimirlo (aclaramos que la adopción no puede ser tomada como solución en este caso partiendo de la naturaleza de la acción y pretensión).

La Corte Suprema de Justicia debe saber que la vigencia de Leyes y Tratados en contra de la erradicación y eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer, no implica consecuentemente que los estereotipos en contra de la mujer y los principios tradicionales se superen, algo muy elemental para un análisis  jurídico concluyente con sombra misógina en la sentencia de fecha 22 de julio del 2015 de la Sala de lo Constitucional, bajo la referencia 45-2012; pues es tanto como decir que la vigencia de la Ley para el Control del Tabaco haya eliminado el hábito de fumar en espacios públicos o privados, o las ventas de cigarrillos por unidad en los parques, tiendas, restaurantes, o en cualquier esquina de nuestras ciudades.

El artículo 14  de la Ley del Nombre de la Persona Natural expresa literalmente:

APELLIDO PARA HIJOS DE MATRIMONIO

Art. 14.- Los hijos nacidos de matrimonio así como los reconocidos por el padre, llevarán el primer

apellido de éste, seguido del primer apellido de la madre.

La Sala de lo Constitucional expresó sobre dicho artículo que no debe ser entendido como expresión de menosprecio o subordinación de la mujer, sino únicamente como una opción de identificación familiar, y que por ahora satisface las exigencias de certidumbre, uniformidad y simplificación registral y forma parte del régimen jurídico administrativo que cumple importantes funciones de orden público.

Sin embargo la posición y argumentación de la Sala de lo Constitucional es cuando menos criticable, no compartida por esta Revista, pues priorizó un sistema registral basado en estereotipos contra la mujer, aún a sabiendas que la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), obliga a los Estados a tomar medidas apropiadas para modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y prácticas consuetudinarias basadas en la idea de inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos.

La Sala de lo Constitucional no valoró la identidad dinámica como parte fundamental de la personalidad. El concepto de identidad implica en uno de sus elementos el reconocimiento por parte de los sujetos que distinguen a una persona (como atributo el nombre), que se concatena con la identidad subjetiva, en donde los sujetos definen su diferencia de otros (y de su entorno social) mediante la auto-asignación de un repertorio de atributos culturales frecuentemente valorizados y relativamente estables en el tiempo.

Es decir la identidad construida por el sujeto de derechos requiere para su satisfacción el reconocimiento de los demás sujetos con quienes interactúa para una existencia social y pública. Como nos vemos y como nos ven es el resultado de la construcción de nuestra identidad, un proceso dinámico y cambiante; la posición de la Sala de lo Constitucional en la sentencia bajo la referencia 45-2012, es en esta época algo inconcebible, pues tal pareciera que reconoce la existencia de una imposición a la identidad por un beneficio registral (argumento también criticable pues no implica “previo a” violentar principios registrales) para el sujeto de derechos.

Es básico reconocer que el derecho a la identidad, es un compromiso de corresponsabilidad, a primera mano de los padres, familiares o responsables y posteriormente del mismo Estado, quien tiene la obligación de garantizar el disfrute de este derecho.

Juan nunca ha conocido al señor “Pérez”, ejemplo de muchas realidades familiares con multiplicidad de causas: desintegración familiar, violencia intrafamiliar, irresponsabilidad paterna, etc. El señor “Pérez” incluso pudo haber reconocido a Juan para ahorrarse una indemnización por daños morales a futuro, pues la jurisprudencia ha sostenido que el daño moral se hace efectivo con el solo hecho de no reconocer a un hijo.

Juan tiene claro que ha sido su madre la responsable de sacarlo adelante y para ello debió laborar más de doce horas diarias, sacrificándose personalmente, todo con el amor incomparable de una madre, acaso ¿no es motivo suficiente para que Juan considere una honra portar el apellido de su madre?, ¿no es violatorio al derecho a la identidad de Juan condenarlo a portar el apellido de alguien que nunca conoció?

Es claro que la respuesta es subjetiva, es claro que buena parte de la identidad es una construcción subjetiva, es decir una posesión sentimental de la persona que se identifica.

Propuesta de Enfoque Jurídico.

Como Revista consideramos que la situación de Juan, que viven muchos salvadoreños, debe ser regulada, en tal sentido proponemos que el artículo 14 de la Ley del Nombre, vía reforma, permita que toda persona al llegar a los dieciocho años pueda elegir que apellido utilizar primero, que le servirá como referente social de identificación de la unidad familiar y su descendencia, y que esta elección se haga a manera de excepción por vía notarial, para que se margine en la Partida de Nacimiento la elección del primer apellido, sin posibilidades de modificación futura a efectos de dar certeza jurídica y no violentar principios registrales, y así la elección pueda constar en el Documento Único de Identidad, todo para garantizar el derecho a la identidad de Juan, una identidad dinámica que no se basa en estereotipos contra la mujer, y que atienda y satisfaga las necesidades de muchos salvadoreños.

De igual forma consideramos que vía judicial se debería de crear causales para la eliminación de apellido de progenitor, ya que una vez reconocido por los padres biológicos jurídicamente no hay forma para eliminar el apellido de algún progenitor que nunca se preocupó por el desarrollo sentimental, físico, psicológico, emocional, social, de un hijo o hija. Por ejemplo una de la cáusales podría ser la pérdida de la autoridad parental (artículo 240 C.Fam.), no implicando la eliminación de las obligaciones paternales, ni  de los derechos sucesorios.

Ya nuestra legislación permite el cambio de nombre por causales determinadas, es decir existen formas de garantizar el derecho a la identidad. Es preocupante que el encargado de impartir justicia sea quien vulnere los derechos de las personas, una causa grave de la fragilidad del sistema judicial que ensombrece el respeto de los derechos y garantías, e incluso puede llegar a sentenciar condenas a personas inocentes, como Juan. No te distraigas, Enfócate!

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